Desesperanza

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domingo, 24 de mayo de 2020

La Decadencia Intelectual del Liberalismo: Marxismo Cultural y Teorías de la Conspiración.


No importa cuántos años pasen de la caída del Muro de Berlin y de la Unión Soviética, o lo que es lo mismo, del fracaso del movimiento comunista internacional a finales del Siglo XX. El triunfo del capitalismo es indiscutible. No hay país en el mundo que no dependa del intercambio comercial mundial y del capital financiero y las instituciones que los respaldan. Los gobiernos neoliberales han tenido el camino libre para imponer sus recetas económicas a la sociedad.
Con esto, el final de la guerra fría y de los regímenes dictatoriales en América Latina, abriendo paso de formas de gobierno elegidos democráticamente, a fin de garantizar la reproducción de capital bajo el manto de la gobernabilidad. Se expanden por el mundo los principios liberales, Fukuyama habla de El Fin de la Historia, las burguesías celebran victoriosas la derrota del enemigo comunista. Así transcurre la década de los 90.
Se habla de un “milagro económico” en Chile. Al mismo tiempo, en el resto del continente se viven tiempos convulsos. Las políticas económicas neoliberales han reducido el rol del Estado como protector de condiciones mínimas de vida de la población. Se privatizan servicios básicos, agudizando una brecha de desigualdad que lanzó a la pobreza a un porcentaje muy alto de personas. Los partidos populistas gobernantes sufren una tremenda impopularidad.
Finalizando la década de los 90, y por un período en promedio de 15 años, el electorado se vuelca hacia alternativas políticas que hoy en día se conocen bajo el nombre de progresismo. Chavez, Kirchner, Lula, Correa, Evo Morales, entre otros, dirigen un tímido proceso de reformas, apoyados por los movimientos sociales y partidos de centro izquierda, que buscaron convertir la renta proveniente de la exportación de materias primas, en mejores condiciones materiales de existencia para la población. Existió un renacimiento de la institucionalidad democrática que fue devolviendo, poco a poco, el rol del Estado como planificador de la economía.
La crisis de producción intelectual en los sectores conservadores, sumado al fracaso económico de las políticas de privatización, y el avance de los movimientos sociales de la mano del progresismo, hizo surgir la necesidad de revivir un viejo enemigo que había sido derrotado.
El comunismo soviético dejó de existir, no así los pequeños movimientos políticos de izquierda. Había una necesidad de crear un enemigo lo bastante fuerte y peligroso, como para alertar a la población de las consecuencias que podría atraer dejar que este entre triunfalmente en las sociedades occidentales.
A partir de este contexto, la intelectualidad ligada al pensamiento liberal/libertario de Von Misses, elaboraron una compleja teoría de la conspiración, tomando elementos fantásticos con hechos reales, cumpliendo con los principios que permiten determinar toda pseudociencia, una relación causa / efecto entre los fenómenos A y B que ocurren al azar en un mismo momento.
Surge, de esta manera, el Marxismo Cultural. El liberalismo, en su fundamento, se considera anti corporativista, ya que estos grandes oligopolios destruyen los principios de competencia perfecta de la sociedad utópica anarco capitalista que plantean. Si algo caracteriza al capitalismo como modo de producción, es la centralización y concentración de capital que absorbe a las empresas menos competitivas e ineficientes.
El avance de China como potencia económica y la posibilidad de mover capital a territorios con mano de obra barata, han generado reacciones de nerviosismo e histeria en sectores nacionalista y conservadores. Por esta razón es que el liberalismo anarcocapitalista está tan estrechamente relacionado con los valores más tradicionales de la sociedad occidental, es decir, la familia, la propiedad privada, la religión, etc.
En contraposición, el modo de producción capitalista global ha logrado adaptarse a los cambios sociales y ser compatible que los movimientos sociales que defienden los derechos humanos y de las minorías. Por esta razón, podemos observar que los grandes medios de comunicación e información han hecho más visibles las luchas por la diversidad sexual, derechos de las mujeres, de las minorías raciales, de los inmigrantes, etc.
Las grandes corporaciones internacionales, como ha ocurrido siempre desde que existe el capitalismo, siguen optimizando sus beneficios y concentrando cada vez más capital. El liberalismo conservador encontró el caldo de cultivo perfecto para asociar este fenómeno del crecimiento de las grandes corporaciones capitalista y el comunismo.
La propia reproducción del modo de producción capitalista va a generar que las empresas con mayor concentración de capital obtengan mayores ganancias en detrimento de las más pequeñas. Este hecho permite al liberalismo convencer a amplios sectores de la pequeña burguesía y las clases medias de la existencia de un Nuevo Orden Mundial que busca acabar con sus medios de producción, asociándolos a la idea de estatización socialista que caracterizó a los gobiernos comunistas de la época de la Guerra Fría.
Culturalmente, producto de un sistema educativo estructurado bajo los parámetros de la ideología dominante, a través de la Iglesia Católica y cristiana en general, la llamada clase media, la pequeña burguesía, e incluso amplios sectores de trabajadores, fundamentan su existencia bajo principios, ideas y creencias conservadoras. Los liberales han logrado establecer una relación entre los movimientos sociales proderechos y ese supuesto Nuevo Orden Mundial dirigido por las élites económicas para implantar un nuevo comunismo internacional.
La idea del marxismo cultural parte de la premisa de que el movimiento feminista, los colectivos LGBTI, los movimientos anti racistas y proinmigrantes, son máscaras de los partidos comunistas, financiados por multimillonarios, para tomar el poder políticos en los países y acabar con los valores tradicionales occidentales. Ya que no se pudo con la lucha de clases abierta, será acabando con la familia heterosexual, la iglesia y la propiedad privada que se implante este nuevo comunismo.
Estos delirantes pensamientos son una expresión de un fenómeno mayor de decadencia intelectual de parte de un sector social que históricamente ha tenido espacios de poder que ha ido perdiendo con el tiempo, no con esto queriendo decir que efectivamente el socialismo marxista esté ganando espacios y obteniendo una importante correlación de fuerzas.
El liberalismo tiene estrecha relación con otras teorías conspirativa, ridículas, pero no menos peligrosas, como el terraplanismo, los movimientos antivacunas, la homeopatía, la astrología, etc. Lo fácil es ignorar estos planteamientos por no tener base científica alguna, pero cuando nos damos cuenta que mucha gente decide creer, cobra importancia dedicarse a la divulgación científica y hacer frente al avance de la decadencia intelectual de los tiempos posmodernos.